Esta es una anécdota que le pasó a un amigo de un amigo mío. Resulta que este muchacho estudió Agronomía y en un momento le surgió una oportunidad de trabajo en una zona agrícola de Argentina (no me acuerdo donde) y pasaba largos meses en medio del campo con muy poco contacto con su familia y amigos.
En una oportunidad llamó por teléfono a mi amigo y atendió su padre.
- Hola don S. como anda? Habla Juan.
- Ah, Juan, ¿como andás? ¿Cómo va todo por allá?
Intercambiaron entonces las típicas preguntas y respuestas que se hacen cuando se habla con alguien que hace tiempo que no se ve. El papá de mi amigo, quiso entonces saber cómo andaba la cosa con el trabajo. Cómo la zona en donde se encontraba es una zona de cultivo de maní, la pregunta se caía de maduro:
- ¿Y cómo anda el maní?
La pregunta era obvia, pero Juan la agarró para cualquier otro lado. Pensó que le preguntaba cómo estaba su “maní” ahora que estaba alejado de la ciudad y no había mujeres en varios kilómetros a la redonda. Entonces Juan, entendiendo que le preguntaba en ese sentido, tomó confianza y siguió con el chiste.
- Y… acá andamos. Cada tanto agarro alguna ovejita y le doy.
El papá de mi amigo no entendía lo que le decía Juan e insistía con saber más sobre el cultivo de maní.
- ¿Y cuánto rinde la hectárea?
Fue al rato que Juan se dio cuenta que el doble sentido lo había entendido sólo él y que el papá de su amigo le preguntaba de buena fe y desde el punto de vista agrícola.
- Ahh – dijo Juan al fin – el maní bien. Este año se cosechó x cantidad y ahora estamos viendo de….
Esto fue hace ya varios años. Don S. nunca supo que Juan había agarrado para cualquier lado.
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