Estados Unidos está hecho para andar en auto. Esa fue la conclusión que saqué de mi primer viaje a Orlando. Como me hospedaba a una cuadra del hotel donde se desarrollaba la conferencia, no me correspondía alquilar un auto por la empresa.
Entonces descubrí la sensación de indocumentado al caminar largas distancias al costado de las autopistas. Fue en uno de estas caminatas que divisé a lo lejos una casilla con un cartel bien grande arriba que anunciaba “TOURIST INFORMATION”. Se ubicaba a la entrada del estacionamiento de un centro de locales comerciales.
Cual oasis en el desierto llegué a la casilla y me recibió un norteamericano que lucía una camisa hawaiana que cubría su enorme cuerpo.
- Hi, how are you? – me dijo todo feliz y atento como suelen hacer los norteamericanos en los comercios – Hope you are having a nice day. What can I do for you?
Le expliqué que quería saber cómo hacer para llegar a Disneyland. Comenzó indicándome que debía tomar esa avenida pero lo interrumpí diciéndole que no tenía auto.
- Well, in that case you tell the cabdriver. He will know how to get there – me dijo como pensando que era estúpido.
- No, no. I can afford a taxi.
Que le dijera que no podía pagar hizo que cambiara inmediatamente el trato que venía recibiendo hasta ese momento. El norteamericano se ve que dijo: este es un rata y no tengo tiempo para ratas. Haciendo un refunfuño se dio vuelta, sacó un folleto de atrás y me lo tiró sobre el mostrador. Se trataba de el recorrido de una de las líneas de colectivos.
- Ok? – me dijo como diciéndome “rata, fijate acá, andate y no me jodas más.
- Ok, thank you.
Tomé el folleto y me fui. Confirmando una vez mas que los tipos se manejan en función del consumo.
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