jueves 1 de octubre de 2009

Servicio de cama

- ¿El señor va a desear el servicio de cama?

Me encontraba en el hotel Llao Llao en Bariloche. Era la primera vez que me hospedaba en un hotel de tanto lujo y todo me desconcertaba y me encontraba desubicado. El trato tan amable y correcto que te dispensan en todo momento te hace sentir como si fueras la persona más importante del mundo.

Sin embargo, aquella pregunta me descolocó totalmente. Hacía minutos que el botones me había acompañado a mi habitación y, luego de una generosa propina, me saludó amablemente. Entonces me dediqué a recorrer la habitación y admirar la vista que la misma tenía al lago Moreno.

Entonces golpearon levemente a la puerta. ¿Y ahora qué?, pensé. Abrí la puerta de la habitación y me encontré con una señorita correctamente vestida con el uniforme (cual película de familia adinerada). Me saludó cortésmente y entonces me hizo aquella pregunta. Si iba a desear el servicio de cama. Cientos de ideas pasaron por mi imaginación en los pocos segundos en que tardé en contestarle. No tenía ni la más pálida idea de lo que se trataba el servicio de cama. Miré para atrás hacia la cama y estaba perfectamente tendida. No parecía necesitar ningún tipo de servicio. ¿Acaso el hotel disponía de un servicio de cama que consistía en señoritas que acompañaban a los hombres solos en la noche? ¿Acaso había que pagar? ¿Acaso se me estaba ofreciendo? ¿Se trataría de un servicio gratis o tendría que pagar? ¿Y si había que pagar, cual era la tarifa?

Todas estas preguntas daban vueltas a mil kilómetros por hora en mi cabeza pero no me atrevía a preguntar. No me parecía correcto dado todo el formalismo y protocolo existente en el lugar en todo momento que manifestase mi ignorancia y que se supiera que me trataba de un rata que simplemente había tenido la fortuna de estar alojado por unos días en ese soñado hotel porque la compañía me lo pagaba con el objeto que asistiera a una conferencia que se desarrollaba en ese mismo hotel.

Balbucé un poco hasta que finalmente pude articular una frase.

- Este…. Sí…. Bueno…. No…. Bah, no sé…. – entonces me atreví a preguntar - ¿de qué se trata del servicio de cama?

Sentí en ese momento que la muchacha pensó todo lo que no quería que pensara: “este es un rata”. Sin embargo no pareció inmutarse y me respondió que se trataba de un servicio en el que acomodaban la cama y la abrían para evitar que el hospedado se tomara ese trabajo. Acepté entonces el servicio para saber de qué se trataba.

Aquella noche, cuando volví de cenar me encontré que la sábana y frazada estaban prolijamente dobladas para permitir mi acceso a la cama. En la almohada había un paquetito con unos bombones y sobre la cama estaba el programa de actividades para el día siguiente (por ejemplo, a la 15.00 horas había una caminata por los alrededores del hotel y a las 18 había un servicio de spa).

Creo que me puedo acostumbrar a esto, pensé y me fui a dormir.

2 comentarios:

Alicia Seminara dijo...

Viste qué descolocado se siente uno en un hotel así?!?!

Pero bueno, hay que disfrutarlo. La primera vez pasás por ignorante, pero a la segunda ya te sentís Onasis!

no importa quien soy. dijo...

ja!

servicio de cama!

nunca lo había ni escuchado!!!!!!

yo fuí al llao llao, por un viaje garpo por la empresa en la que trabajo, porque sino es imposible y es hermoso!

Si estás ahora por ahí DISFRUTALO!
Y mas disfruta Bariloche, que es HERMOSO